La capacidad de argumentar nos caracteriza como seres racionales. Gradualmente, vamos cayendo en la cuenta de que para conseguir cosas de los otros podemos actuar de diversas maneras: desde el llanto hasta las razones.
As铆, desde el momento en que conseguimos dar razones expl铆citas de nuestras afirmaciones a los otros, iniciamos el camino de la raz贸n dial贸gica (Maliandi, 1997) que va a atravesarnos durante toda nuestra vida, a menos que intencionalmente nos aislemos y nos encerremos en nuestros mon贸logos. Pero a煤n as铆, no podremos anular a los interlocutores virtuales que constantemente nos desafiar谩n y cuestionar谩n, lo que nos llevar谩 a buscar razones para confrontarlos.
Existen tres aspectos fundamentales que nos permiten reflexionar sobre la argumentaci贸n; objeto de discusi贸n (aquello sobre lo que se argumenta), interlocutores (qui茅nes argumentan) y con qu茅 intenciones y con qu茅 contexto.
I.I APORTES DE LA FILOSOF脥A: GRADOS DE CONVERGENCIA CR脥TICA
En relaci贸n con las intenciones, el fil贸sofo argentino Ricardo Maliandi (1997), atendiendo a su propuesta de una 茅tica convergente, nos llama la atenci贸n acerca de distintas posturas comunicativas que podemos asumir cuando hacemos uso de la raz贸n. Al respecto, habla de raz贸n dial贸gica, partiendo del supuesto de que razonar implica dialogar (1997:101), en la medida en que involucra dos funciones b谩sicas:
• Fundamentaci贸n: capacidad de dar “razones”.
• Cr铆tica: conciencia de los l铆mites de las “propias razones” y apertura hacia “otras razones”.
Se agrega entonces aqu铆 la idea de que la dimensi贸n esencialmente dial贸gica de la raz贸n involucra una postura cr铆tica, ante todos los puntos de vista, lo que pone de manifiesto otro concepto que se deriva de lo cr铆tico, el concepto de conflictividad (茅tica axiol贸gica), en tensi贸n constante con el concepto de consenso (茅tica discursiva). Esto le permite plantear tres posturas distintas en un discurso argumentativo, correspondientes a tres grados ascendentes de lo que 茅l denomina convergencia cr铆tica (R. Maliandi, 1997:108-9):
• Postura estrat茅gica: perspectiva egoc茅ntrica consciente; quien argumenta (enunciador) no conceptualiza al destinatario como un interlocutor que tambi茅n puede tener un punto de vista v谩lido y distinto sobre un tema. De este modo, la argumentaci贸n es persuasiva, ret贸rica y apunta a forzar la opini贸n del destinatario, imponer su propio punto de vista o refutar el contrario.
Enunciador----------> Destinatario } ganar
• Postura comunicativa divergente: la argumentaci贸n tiende a la resoluci贸n del desacuerdo, pero con el presupuesto de que el acuerdo favorecer谩 la opini贸n propia y no la del oponente; se conceptualiza al interlocutor como un oponente con un punto de vista diferente al propio pero la argumentaci贸n sigue subordinada a quien defiende cada punto de vista, con la idea de que alguien debe ganar y alguien debe perder.
Proponente ----------> Oponente } ganar - perder
• Postura comunicativa convergente: el interlocutor aparece como co-operador en la tarea de enfrentar un problema; ambos interlocutores establecen una alianza para enfrentar y resolver un problema. Cada argumentante solicita y espera los contraargumentos del interlocutor para el avance dial茅ctico, pero con la presuposici贸n compartida de la disponibilidad para rectificar las propias opiniones; en este caso ambos pueden ganar con la resoluci贸n de un problema.

} ganar - ganar
El di谩logo cr铆tico s贸lo es posible cuando los participantes est谩n dispuestos a modificar sus propias opiniones y a subordinar sus propios intereses al acuerdo intersubjetivo (Maliandi, 1997:109).
Ahora bien, en consonancia con perspectivas dial茅cticas de la argumentaci贸n que atienden tanto a las argumentaciones v谩lidas como a las llamadas falacias, Maliandi (1997: 177-179) apela a una analog铆a entre los seres humanos y algunas criaturas de nuestro vecino reino animal. Distingue dos modos defensivos (la liebre y el erizo, que se esconden de los puntos de vista ajenos y no los desaf铆an) y dos ofensivos (el tigre y la ara帽a, que “cazan” al oponente a trav茅s de sus argumentos).
Malandi concluye destacando que todos los animales llegan a ganar discusiones pero no suelen promover el avance de la raz贸n. Aunque la raz贸n, como tal, es dial贸gica, los seres racionales mostramos a diario una portentosa incapacidad para dialogar. Evitar que estos animales se apoderen de nosotros es fundamental para que no interfieran en nuestros prop贸sitos de di谩logo, sobre todo si pensamos que la vida democr谩tica se construye sobre esa tensa relaci贸n entre consenso y conflictividad.
1.2 APORTES DEL PENSAMIENTO CR脥TICO
Tambi茅n existen otras disciplinas que se ocupan de la problem谩tica de la argumentaci贸n. Un ejemplo es la psicolog铆a cognitiva y la pedagog铆a, que ayudan a reflexionar acerca de la complejidad del hecho argumentativo que sobrepasa lo estrictamente ling眉铆stico. Estas perspectivas contribuyen a configurar un panorama que excede los l铆mites de un solo campo del saber y exige un tratamiento interdisciplinario.
En primer lugar, no podemos dejar de destacar que las divergencias que han venido produci茅ndose en torno al tema no proceden s贸lo de las diferencias de planteos entre las disciplinas sino tambi茅n de la confrontaci贸n y evoluci贸n de perspectivas en el seno mismo de los 谩mbitos disciplinarios.
Este hecho se ha manifestado de modo m谩s patente en torno al movimiento que surgi贸 con el nombre de pensamiento cr铆tico (Di Fabio, H., 1995), en Estados Unidos en los a帽os 60, en el seno de la Psicolog铆a cognitiva, y en la aplicaci贸n al campo pedag贸gico, a partir de la d茅cada del 80, a trav茅s de diversos programas de “ense帽ar a pensar”. Si bien el movimiento fue cuestionado desde distintas posiciones te贸ricas, este evolucion贸 notablemente en sus planteos y metodolog铆as (Robert Ennis, 1962; John McPeck, 1981; Richard Paul, 1982; Harvey Siegel, 1990, entre otros4 5), hecho que podr铆a sintetizarse en los siguientes aspectos:
• Evoluci贸n desde una perspectiva monol贸gica, que pone el acento en el sujeto que eval煤a la validez de la argumentaci贸n, hacia una perspectiva dial贸gica y dial茅ctica (R. Paul, 1984), que destaca la dimensi贸n intersubjetiva de la noci贸n, por cuanto involucra un intercambio entre puntos de vista opuestos, con la consiguiente evaluaci贸n de sus fortalezas y debilidades.
• Evoluci贸n desde una visi贸n objetivista o neutra, que plantea habilidades generales de pensamiento cr铆tico que se desarrollan sobre la base de est谩ndares o principios universales, hacia una visi贸n intersubjetiva, que plantea, por una parte, el debate entre habilidades generalizables vs. habilidades espec铆ficas de dominio (J. Me Peck, 1981); y por otra, deja abierto el camino para la consideraci贸n de la intersubjetividad, a la luz de la interculturalidad, que ya implica un di谩logo entre grupos culturales, con modos distintivos de pensar y conceptualizar el mundo.
• Evoluci贸n desde una concepci贸n atomicista y taxon贸mica de las microhabilidades implicadas a una integraci贸n de 茅stas en una concepci贸n m谩s global, a trav茅s de macrohabilidades (R. Paul, 1991)
• Evoluci贸n desde una perspectiva estrictamente cognitiva a enfoques que incluyen aspectos actitudinales.
LAS VIRTUDES INTELECTUALES
Existen 8 principales virtudes intelectuales:
• Independencia intelectual: disposici贸n y compromiso para el pensamiento aut贸nomo.
• Curiosidad intelectual: disposici贸n para preguntarse acerca del mundo y buscar explicaciones a las discrepancias.
• Coraje intelectual: conciencia de la necesidad de reflexionar imparcialmente sobre puntos de vista hacia los cuales tenemos fuertes emociones negativas.
• Humildad intelectual: advertencia acerca de los l铆mites de nuestro conocimiento; voluntad de reconocer lo que no sabemos, lo que nos lleva a considerar posturas distintas a las nuestras.
• Empat铆a intelectual: ponernos imaginativamente en el lugar de los dem谩s para intentar entender sus puntos de vista.
• Integridad intelectual: reconocimiento de la necesidad de ser veraces y consistentes; exigirnos la misma rigurosidad y prueba que pedimos a nuestros antagonistas; practicar lo que defendemos; admitir honestamente las discrepancias entre nuestros pensamientos y acciones.
• Confianza en la raz贸n: confianza en que aprenderemos a pensar por nosotros mismos y a encontrar soluciones a partir del di谩logo y de razones dirimidas en la interacci贸n.
• Imparcialidad: conciencia de la necesidad de considerar todos los puntos de vista sobre un problema, prescindiendo de intereses sectarios.
En conclusi贸n, los aportes reci茅n considerados permiten reflexionar sobre la argumentaci贸n desde una perspectiva m谩s amplia, enriqueciendo la visi贸n estrictamente ling眉铆stica. En tal sentido, con respecto al 谩mbito educativo, es necesario asumirla como un contenido transversal que atraviesa todas las disciplinas, por lo tanto deber铆a ser responsabilidad de todos los docentes.
1-3 APORTES DE LAS TEOR脥AS DE LA ARGUMENTACI脫N
Los estudios sobre la argumentaci贸n se remontan a la antig眉edad cl谩sica y tienen como referencia a Arist贸teles, quien impuls贸 dos l铆neas que se han ido configurando como dos perspectivas definidas y en tensi贸n constante, aunque, en la actualidad, con un intento de acercamiento: las perspectivas ret贸ricas y las perspectivas dial茅cticas.
Las primeras se inspiran fundamentalmente en la Ret贸rica de Arist贸teles y se re-actualizan en 1958 con el Tratado de la Argumentaci贸n. Esta perspectiva considera la argumentaci贸n como una operaci贸n discursiva, a trav茅s de la cual un sujeto trata de provocar la adhesi贸n de otro a una tesis u opini贸n, por medio de razones o argumentos (脕lvarez, 1996).
Por su parte, las perspectivas dial茅cticas se inspiran en los T贸picos y Refutaciones Sof铆sticas de Arist贸teles y encuentran su renacimiento en la obra de referencia Falacias de Hamblin (1970) y a帽os m谩s tarde, en los aportes de Woods y Walton (1992), y de Van Eemeren y Grootendorst (1992, 2002, 2006). Esta segunda perspectiva concibe la argumentaci贸n como una discusi贸n cr铆tica, cuyo prop贸sito es contribuir a la resoluci贸n de una diferencia de opini贸n. En este caso, se focaliza la atenci贸n en la interacci贸n de interlocutores que buscan resolver un desacuerdo; en las reglas de discusi贸n cr铆tica y en las violaciones de estas reglas, que ponen en peligro la validez de la argumentaci贸n.
En relaci贸n con estos enfoques, los estudios m谩s recientes ponen de manifiesto cuatro cuestiones importantes para el avance de las teorizaciones:
• El intento de acercamiento entre perspectivas ret贸ricas y dial茅cticas. A esto lo prueba el avance en las conceptualizaciones te贸ricas de la Pragma-dial茅ctica a trav茅s de un ajuste estrat茅gico que busca establecer un puente entre el ideal de racionalidad de las perspectivas dial茅cticas y el ideal de eficacia de las perspectivas ret贸ricas.
• El 茅nfasis en la consideraci贸n de la argumentaci贸n desde una perspectiva interaccional.
• La necesidad de dar cuenta de los factores emocionales, inherentes de la discusi贸n argumentativa.
• La conveniencia de articular los estudios de argumentaci贸n con las diferentes l铆neas de an谩lisis del discurso.
Prueba de las otras cuestiones es la propuesta del Modelo dialogal de Plantin (2005, 2007, en prensa) que apunta a integrar la racionalidad y la emotividad involucradas en las interacciones argumentativas, relativizando en ciertos aspectos el planteamiento de las reglas de discusi贸n cr铆tica y de sus respectivas violaciones, atendiendo a los contextos de interacci贸n.
PERSPECTIVA RET脫RICA
脕lvarez (1996) plantea que la argumentaci贸n es una operaci贸n discursiva, a trav茅s de la cual un sujeto trata por medio de su discurso de provocar, razonadamente, la adhesi贸n de otro a una tesis u opini贸n.
Esto nos habla de la fuerza ilocutiva (Austin, 1962) de toda argumentaci贸n: es una interacci贸n por medio de la cual un sujeto trata de cambiar algo en el orden de las ideas o las opiniones de los dem谩s, mediante el uso de las palabras, lo cual implica poner el acento en el aspecto discursivo.
A la hora de intentar influir sobre las opiniones de las dem谩s personas, existen dos tipos de argumentaciones:
Argumentaci贸n basada en el razonamiento, en la cual las diversas tesis y argumentos que las apoyan son planteados abiertamente por el argumentador para convencer a los destinatarios.
Argumentaci贸n persuasiva, que opera sobre la voluntad, sentimientos y pulsiones m谩s elementales, con el objetivo de persuadir al destinatario para que adhiera a determinada ideolog铆a.
Para que exista argumentaci贸n, tiene que existir un campo problem谩tico o un tema respecto del cual se dan puntos de vista diferentes, o por lo menos dos tesis antag贸nicas, pudiendo una de ellas ser o no impl铆cita.
Por otro lado, Grize (2004) propone que la argumentaci贸n es un tipo de “esquematizaci贸n” discursiva, es decir, como la producci贸n de un discurso organizado con el prop贸sito de intervenir sobre la opini贸n, la actitud y el comportamiento de alguien.
Esta esquematizaci贸n la explican luego Doury y Moirand (2004), comentando que seg煤n Grize, cada vez que un locutor A produce un enunciado, propone una esquematizaci贸n a un interlocutor B, construyendo un “micro-universo” orientado a partir de la realidad como la percibe y a su vez como la reconstruye cognitivamente para B, dependiendo del modo en que A se representa la situaci贸n. La esquematizaci贸n que A propone a B est谩 pues en funci贸n de la finalidad de A, pero igualmente de las representaciones que 茅l se hace de B, las que tiene o que 茅l quiere dar de s铆-mismo y de las representaciones acerca de lo que habla (el tema T). Si las representaciones son de conocimientos que tenemos de la situaci贸n, en la materialidad verbal, son im谩genes de A, de B y de T que son inscriptas en el enunciado y que registramos como marcas de construcci贸n de una esquematizaci贸n.
En esta concepci贸n de la argumentaci贸n se destaca entonces la noci贸n de discurso argumentativo como una reconstrucci贸n mental de una realidad o tema, objeto de discurso que necesariamente trae aparejada una construcci贸n de A y una de B. Si, a la vez, esto es pensado en funci贸n de B, pero en su papel de enunciador, el hecho argumentativo se complejiza por cuanto las distintas versiones de ese objeto de discurso no son compatibles y entran en conflicto. Por lo tanto, el “茅xito” de la argumentaci贸n radicar铆a en compatibilizar, negociar o abandonar alguna de estas versiones.
PERSPECTIVA PRAGMA-DIAL脡CTICA
Esta perspectiva (Van Eemeren et al., 2002, 2006) centra su atenci贸n en el aspecto dial贸gico, consider谩ndola como una discusi贸n cr铆tica cuyo prop贸sito es contribuir a la resoluci贸n de una diferencia de opini贸n o una disputa. Por eso prioriza la consideraci贸n de la interacci贸n de dos o m谩s interlocutores que buscan resolver un desacuerdo, de las reglas que regulan la misma y de las violaciones de estas reglas que no permiten llegar a un acuerdo.
Los distintos autores de esta perspectiva, con la expresi贸n pragma, manifiestan su filiaci贸n expl铆cita a la teor铆a de los actos de habla de Austin (1962) y Searle (1979), por cuanto valoran que, para el estudio de la argumentaci贸n, es necesario hacer referencia a tres cuestiones clave del estudio del lenguaje: el contexto de uso, las intenciones de los interlocutores y los impl铆cito.
Por su parte, con el t茅rmino dial茅ctica, ponen en evidencia la relaci贸n que se establece entre los participantes, en la medida en que el conflicto puede ser resuelto si media solamente el intercambio razonado de argumentos.
Esta teor铆a entonces busca encontrar un equilibrio entre una perspectiva normativa y una descriptiva. Uno de los objetivos de este planteamiento es desarrollar las herramientas para determinar en qu茅 grado una argumentaci贸n est谩 de acuerdo con las normas de una discusi贸n razonable (F. Van Eemeren et al., 2006: 18). Para ello, complementa el criterio de consistencia l贸gica con el criterio de consistencia pragm谩tica, que permite evaluar la razonabilidad de los argumentos en funci贸n de los contextos de interacci贸n.
En sus or铆genes esta teor铆a toma como punto de partida las interacciones orales, por lo cual, los autores postulan cuatro etapas en la discusi贸n cr铆tica y diez reglas que deben primar en los intercambios entre los participantes de dicha discusi贸n. Sin embargo, estas etapas y reglas pueden ser aplicadas a los textos escritos y a diversos contextos con distinto grado de formalidad.
Como conclusi贸n general de las diversas perspectivas que se han abocado al estudio de la argumentaci贸n con distintas denominaciones, podemos destacar la importancia de la superaci贸n de conceptualizaciones centradas en un sujeto que intenta imponer su postura ante un hecho discutible, en favor de la consideraci贸n de una dimensi贸n intersubjetiva que pone el acento en la negociaci贸n de puntos de vista, puesto que lo que se prioriza es la resoluci贸n de un problema que se entiende como compartido.