Síntesis de Yo Argumento, Capítulo 2: “La argumentación: niveles de análisis”
Padilla Constanza; Douglas Silvina; López Esther; “Capítulo 2, La argumentación: niveles de análisis”; Yo Argumento; Córdoba, Argentina; Editorial Comunicarte; 2011; 35-46 pp.
Cuando se trata de analizar textos argumentativos, existen tres niveles: el pragmático, el global y el local.
2.1 NIVEL PRAGMÁTICO:
INTENCIONALIDAD CONTEXTO
Una forma de analizar el nivel pragmático es según la situación en donde se produce, que permite situar a los participantes en su marco situacional e indicar distintos datos. A raíz de esto a Masseron (1997) plantea tres categorías contextuales:
Situación potencial: el lugar institucional que rige los géneros de discurso y codifica las leyes, los principios y los valores propios de esta institución.
Situación actualizada: la situación particular y los participantes respectivos investidos de sus roles y sus expectativas, relativos al problema específico que compete a esta situación definida.
Contexto polémico: una base de desacuerdo que separa a los participantes
y que define los parámetros de un cuadro de discusión. Igualmente, hay que tener en cuenta que para que exista el avance de las discusiones es necesaria una base de acuerdo también.
Referido al contexto, hay una situación en la que se instaura un objeto de discusión cualquiera. Luego, el enunciador construye sobre ese objeto su propio punto de vista o tesis a través de razones o argumentos.
Partiendo de la existencia de una situación argumentativa como la antes nombrada, Masseron (1997) encuentra tres posibilidades en cuanto a cómo el enunciador de un texto despliega su intención argumentativa para influenciar el pensamiento y/o la acción del destinatario:
Estrategia justificativa: el enunciador justifica con uno o más argumentos una tesis explicitada desde el comienzo, sin tener en cuenta si hay o no otras posturas sobre el objeto de argumentación.
Estrategia polémica: el enunciador contrapone su tesis propuesta con otros argumentos adversos para refutarlos con el fin de reforzar su propia postura.
Estrategia deliberada: el enunciador no toma una posición frente al tema, en cambio proporciona elementos de juicio para poder llegar a la conclusión que constituye su propia postura.
2.2 NIVEL GLOBAL:
LAS CATEGORÍAS ESTRUCTURALES
No es fácil distinguir los distintos tipos de discursos argumentativos según la intención del enunciador, principalmente por dos motivos. Primero, los teóricos de la argumentación no están seguros de la existencia de este tipo estructura del texto argumentativo; y por otro lado, aunque esta sea aceptada, tampoco hay un consenso en la determinación de las categorías estructurales. De todas formas, en lo que los autores sí coinciden es en que a partir de la actualización de un objeto de discusión, un enunciador elabora una tesis, y para demostrarla parte de un conjunto de premisas o datos de la realidad, y muestra que no puede admitirse tal conjunto sin aceptar también tal o cual conclusión.
Para poder encontrar distintas posibilidades de presencia o ausencia de determinadas categorías estructurales, es necesario conocer algunos conceptos respectivas a estas, por ejemplo:
Tesis y conclusión: es el punto de vista de un enunciador en cuanto a cierto objeto de discusión, desplegándose simplemente de la estrategia justificativa. Pero no es igual de simple desplegar una tesis de una estrategia polémica. Para este despliegue se requiere tanto una tesis propuesta (enunciador) como una tesis adversa (adversario), que se incorpora al texto a través de citas polémicas. Como resultado se produce un diálogo discursivo, donde el enunciador responde a las opiniones opuestas del adversario; o en su defecto, una descalificación indirecta, donde los enunciados se contradicen. Es importante saber que ambas estrategias plantean una conclusión, que no es la tesis en sí misma, si no la confirmación de ella. Por otro lado, a diferencia de las otras dos, en la estrategia deliberativa lo que se presenta como conclusión es equivalente a la tesis.
Premisas: son afirmaciones generales que actúan como la base de acuerdo de una argumentación y que permiten llegar a determinadas conclusiones. Debido a que las premisas son subjetivas es importante aclarar que estas son de carácter no discutible para el enunciador y su estabilidad es precaria.
Existen premisas de distinta naturaleza, entre ellas los lugares (retórica aristotélica), que son premisas muy generales que permiten una base para los valores sobreentendidos y nos sirven para justificarnos. Hay distintos tipos de lugares: de cantidad, que priorizan el valor de las cosas por razones cuantitativas; de calidad, que se opone a la opinión común, por tanto consideramos único y valioso; y de lo existente, que se prioriza lo real, lo eventual o lo imposible.
Argumentos: se emplean para apoyar a las tesis, y existen los argumentos propuestos (elaborados por el enunciador) y adversos (los que el enunciador pone en boca de su adversario). Weston (2003) plantea la siguiente clasificación para los argumentos:
Argumentos mediante ejemplos: se basan en el lugar de cantidad, usando los ejemplos como evidencia para apoyar una generalización. Sin embargo en la cotidianeidad se basan en el lugar de calidad.
Argumentos por analogía: se toman dos ejemplos semejantes que a su vez desencadenan en un parecido más específico.
Argumentos de autoridad: se citan los dichos de un enunciador referente y confiable. Por lo tanto la validez de los enunciados se asienta en la autoridad del enunciador y no en las evidencias.
Argumentos causales: se dan tanto relaciones unívocas entre causa y efecto como la policausalidad.
Modos de organización: en líneas generales podemos organizar estas categorías estructurales de la siguiente manera:
2.3 NIVEL LOCAL:
ESTRATEGIAS DISCURSIVAS
Existe un principal recurso que da pistas a los lectores para que sepan la forma en que debe leerse cierto texto argumentativo (aunque el análisis completo de un texto no se base simplemente en la identificación de este mismo). Este recurso son las llamadas modalidades discursivas, que surgen a partir de la subjetividad inscripta en los discursos y pueden ser de:
Enunciación: indican relaciones entre el enunciador y el enunciado ateniéndose a la forma lingüística (siendo las modalidades más convenientes la asertiva y la interrogativa).
Del enunciado: indican la relación entre el enunciador y su propio enunciado y apela a diferentes alternativas. Generalmente, las más usadas en la argumentación son las modalidades lógicas, que refuerzan o suspenden una aserción en relación con la verdad y la falsedad; y las modalidades valorativas, que evalúan la pertinencia de los argumentos, atendiendo a los valores. Igualmente también existen las modalidades apreciativas, que manifiestan los aspectos afectivos; modalidades desiderativas, que evidencian los deseos del enunciador; y las modalidades de necesidad, que manifiestan las posturas del enunciador en relación con su deber, cuyo uso también es recurrente en la argumentación.
Enunciados polifónicos: instauran una voz polémica que puede guardar distintos grados de distanciamiento con la voz del enunciador. La negación polémica es aquella reacción a una afirmación de un primer enunciador, que expresa un punto de vista, retomado por un segundo enunciador quien niega aquel punto. Son tres las estructuras lingüísticas principales que destacan la dimensión polifónica:
Estructuras adversativas exclusivas (sino que)
Estructuras adversativas (pero)
Estructuras concesivas (aunque).
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